Ha llegado la hora de los relojeros

mayo 4, 2011 § Deja un comentario

Pero da igual; ha llegado la hora de los relojeros. El imperativo económico convierte a cada hombre en un cronómetro viviente, signo distintivo de la muñeca. El tiempo del trabajo, del progreso, del rendimiento, el tiempo de producción, de consumo, de planning; el tiempo del espectáculo, el tiempo de un beso, el tiempo de un cliché, un tiempo para cada cosa (time is money). El tiempo-mercancía. El tiempo de la supervivencia.

Vaneigem, R. (1967 / 2008): Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones. Barcelona: Anagrama, p. 268. Efectivamente, traductor Javier Urcanibia y revisión de Joaquín Jordá

Imagen del Palacio del Tiempo

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La revancha de los novatos

abril 5, 2011 § 1 comentario

Se cuenta que antes de que a Felipe II se le ocurriera aquello de la Armada Invencible una ardilla podía cruzar la Península Ibérica de una punta a la otra sin bajarse de los árboles. Fue en aquellos gloriosos días cuando se instauró la capital de la Corte en Madrid, con esa operatividad que nos caracteriza a los españoles, fundando una de las primeras ciudades europeas de la Edad Moderna sin un río lo suficientemente caudaloso como para alimentarla por barco, encareciendo y ralentizando el comercio de la capital. Me gusta pensar que eso y la subida de impuestos sobre el suelo, que comenzó como castigo a la picaresca de los ciudadanos que burlaban las leyes de expropiación del segundo piso de sus casas para los habitanes de la Corte, son algunas de las razones de que hoy Madrid sea lo que es.

Mi historia favorita de delirio monárquico es la de aquel canal que quería construirse del Mar Cantábrico hasta Madrid… si es que son la monda esta gente. El derroche, la inoperatividad, el robo del suelo al común y los usos estrafalarios de las canalizaciones de agua, son aún hoy una seña de identidad de los gobernantes que habitan Madrid. Si antes de la Armada invencible una ardilla podía cruzar España de punta a punta sin bajarse de los árboles, hoy después de Alberto Ruiz Gallardón y Cia, un skater puede cruzar Madrid de una punta a otra sin bajarse de su tabla.

En el grupo_numax, aventuramos algunas razones conspirativas para explicar las relaciones entre la deforestación y el patinaje, algo que, como verán, no es tan descerebrado. Hemos encontrado las razones gracias a un video firmado por Ivan Parlorio llamado CASTIZO, lo que según Kultura urbana es una iniciativa cultural, o lo que es lo mismo, una maniobra de propaganda.

(El video original llamado CASTIZO fue descargado en su día y vuelto a subir a nuestro vimeo como documentación del desparacido)

Fue una amiga de Fast Gallery quien me habló por primera vez del Loby Skater y fue al ver el principio de este video cuando pensamos en la relación evidente con las ardillas y la corte. Todo hace pensar que es este mismo Loby el que posee la marca DC que patrocina el video. Y es evidente que el Loby Skater ha presionado al ayuntamiento para allanar las plazas, hormigonar la tierra, cortar los arboles y convertir esta ciudad en una preciosa pista de patinaje.
¿Que otra razón lógica puede haber para destruir así una ciudad?

No nos malinterpreten, no tenemos nada en contra de los patinadores, ese grado de la adolescencia perpetua donde todos hemos querido vivir alguna vez. Tampoco se engañen, algunos de nosotros visitamos el Palentino, creemos que existe la cultura de club, usamos medios de transporte divertidos, usamos gafas y merodeamos de vez en cuando por esos barrios de los que aquís se habla.
Pero esto, esto es vergonzoso. El señor del Palentino, que no tiene que ver con esta pulla, se convierte en contextualizador histórico, de ese “ahora estamos mejor” y “no nos podemos quejar”. Esta historia muy común al hablar del final de los 80 y la heroína, coincide con la historia de Chueca, un barrio gentrificado de una manera algo más independiente.
Lo de Triball no tiene nombre y no merece nuestro respeto. Triball es ese monstruoso proceso de gentrificación que ha decidido saltarse unos cuantos pasos en el modelo de crecimiento de Sohos anglos, para plantar las tiendas de ropa y diseño en los puticlubs aún olorosos de los alrededores de la Calle Ballesta. Esa zona que durante un año antes de la invasión del ayuntamiento se describía en la prensa como “el triángulo del Bronx” de Madrid, en un alarde de sutileza periodística recurriendo al referente neoyorkino, para recordar que donde hubo drogas y boombox, hoy debe haber hipsters.

Madrid no es ya una ciudad como cualquier otra, ese espacio urbano posmoderno (pienso en Jameson) donde todo es igual que cualquier otro lugar del mundo. Ahora lo importante es hacer imagen de marca, una ciudad donde puedes “tomarte unas cañas y sentirte de aquí de toda la vida”, donde la ciudadanía y lo social hayan desaparecido y solo quede la costra (que no la pátina) de esa castizidad. Yaiza Hernández lo explicó muy bien en Piensa Madrid 3. Y para rematar, en una ciudad donde triunfa el buen-rollo y se prohíbe fumar, gritar, escupir… que mal llevamos la europeización liberal esta.

Frases como “me inspira un montón” “estar en contacto con gente que crea” “yonkis, gente chunga y tal” (¿te has visto?, puntero ¡pelagatos!) o “señoras de toda la vida” son el tipo de proclamas  necesarias para entrar a formar parte del Loby que pretende convertir una ciudad en una pista de patinaje. Lo importante es sentirse de la ciudad sin tener que vivirla, que cualquiera la pueda pasear.
Esta generación Windsor (el que escribe vió quemarse ese edificio en vivo, alguno recordará esa noche), la generación amiga de la deforestación y el hormigón son hipster, sí, son atolondrados y frívolos… pero sobre todo, llamémosles por su nombre, son amigos de la derecha liberal, son cómplices de este robo.

Madrid tiene sus cosas, es uno de los mejores sitios en los que emborracharse cualquier día a cualquier hora sin que nadie levante una ceja, es un sitio donde cada vez llegan más norteamericanos de turismo, donde las triadas chinas campan a sus anchas con los BMW más caros del mercado, donde uno no se puede sentar en un banco en kilómetros, donde el espacio público desparece bajo las terrazas de verano y los puestos de navidad.
Sería estupendo pensar que la destrucción de esta ciudad viene de la mano de unos simpáticos e inconscientes patinadores, cuando no es más que otro paso en la desparición del espacio común, un espacio en el que estar sin consumir. Al final parece que sólo podemos habitar esta ciudad como vehiculos y el único consuelo es que este vehículo, al menos, no tenga un motor que también consuma.

¡Quieto todo el mundo!

febrero 28, 2011 § Deja un comentario

Third Wave Activism

enero 14, 2011 § Deja un comentario

La resistencia retórica (Fragmentos complementarios a Miércoles Cultural)

noviembre 23, 2010 § 2 comentarios

“Aquí no se oye”

Intervención de Isidoro Valcárcel Medina a propósito de la Mesa redonda sobre acción, participación y representación en España y Argentina celebrada el 25 de octubre en la Sala de Bóvedas del MNCARS.

“Intervengo un poco por obligación porque quiero excusarme, que me habréis visto en posturas insólitas, mirando para el lado contrario de donde tenía que mirar, haciéndome pantalla en las orejas porque es que aquí no se oye nada, en este punto, porque entra el sonido de aquí y el de allí. Pero bueno, como de todo se puede sacar punta, he estado pensando que esto un poco la sordera por saturación de la cultura que tenemos. Es decir, llega de aquí, de allá, y de acullá. Finalmente, fijaos qué curioso, la forma mejor que he encontrado para escuchar, es taparme los oídos. Seguramente con esto bastaría. Y cuando tú has hablado sin el micrófono es cuando realmente yo oía, pero mientras tanto no.

Entonces, la saturación de la cultura, que no sé si es una impostura, o mejor dicho, que no sé si es intencionada o no es intencionada, indicaría que no deberíamos colocarnos entre dos aguas, como intencionada pero desafortunadamente he hecho yo al sentarme aquí porque pensaba que si esto no tiene interés yo podía irme rápidamente, luego ha resultado que sí, que sí que lo va teniendo. Entonces, dónde nos situamos en este ámbito del arte, ¿Dispuestos para escapar?, ¿En el lugar más comprometido?… Son dos cosas, dispuestos para escapar o en el lugar más comprometido. ¿Escuchamos o no escuchamos lo que nos viene de fuera? ¿Aceptamos o no aceptamos los montajes generalmente grandilocuentes que se nos ofrecen? Seguramente lo que yo estoy diciendo no tiene que ver con lo que habéis dicho, porque repito que no sé a que atenerme, pero hay una cosa indudable y es que aquí no se oye. Entonces ¿Qué hacemos? ¿Respetamos o no respetamos? ¿Seguimos las normas o no las seguimos? El adelanto tecnológico, por ejemplo, ¿Es impepinable o se puede uno resarcir de él? No sé… con esto me despido porque no confío en escuchar lo que digáis a continuación”

Podéis audiovisionarla aquí (minuto 44′ 47” del primer vídeo).

En los límites o más allá de ellos…

julio 9, 2010 § Deja un comentario

Fue curioso leer a Brea reflexionando sobre la pasada década que definió como la década anodina cuando históricamente la entrada del siglo XXI ha sido de todo menos tranquila. En su comienzo se produce el famoso 11-S, con las derivas transnacionales que ha generado, y en sus últimos años languidece con esta crisis que ha removido los pilares del capitalismo, aunque sólo para apuntalarlos de forma más perversa. No han sido años anodinos y, sin embargo, sí que ha prevalecido una sensación de tedio culturalmente hablando. Por lo tanto, cabría preguntarse si la producción cultural ha sabido asumir el desafío de la problemática histórica que le era contemporánea.

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La clave de la velocidad de circulación en el contexto produccionista

junio 30, 2010 § Deja un comentario


“Como Marx sabía, la circulación es solo un caso particular de la producción tomada en sentido general. La socialización de la economía —es decir, la interdependencia entre los capitalistas y los demás miembros del cuerpo social, la « comunidad humana »—, la ampliación de la base humana del Capital, hace que la extracción de la plusvalía, que está en la base del beneficio, no esté ya centrada en el vínculo de explotación instituido por el salariado. El centro de gravedad de la valorización se desplaza del lado de la esfera de la circulación.

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