La resistencia retórica (Fragmentos complementarios a Miércoles Cultural)

diciembre 18, 2010 § Deja un comentario

En la edición digital de La Razón se publica una “foto de familia” más amplia bajo el título “El Reina Sofía se confiesa”. Por lo que se puede leer en el artículo esta confesión debe de hacer referencia al número de coches oficiales, políticos y gestores culturales de altos vuelos que congregó el evento y que destaca esta crónica social en la que el análisis de la nueva propuesta expositiva es meramente anecdótica. En esta imagen podemos ver que en el extremo izquierdo de la foto asoma la figura incompleta del actual director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Borja Villel, que parece estar estar atento a lo que está comentando José Lladó.


El control de la comunicación es uno de los ejes sobre los que pivota hoy en día el ejercicio del poder y en esto la imagen, aunque desbordada por el audiovisual y siempre manipulable por herramientas como Photoshop, juega un papel fundamental. Las imágenes transcienden el ámbito de la representación y configuran parte de nuestro horizonte simbólico (“ver para creer”). A través de ellas nos aproximamos a realidades no vividas y  pueden servir para que construyamos una opinión sobre cuestiones que desconocemos. Las imágenes hablan y si las escuchamos nos pueden desvelar, aunque sólo sea con leves susurros, la relación que existe entre la resistencia retórica y el poder. Por eso hay que tener cuidado con ellas.

En este sentido, la siguiente fotografía que podemos encontrar en la edición digital de Público resulta mucho más cómoda para los intereses de Manuel Borja Villel que la anterior.

En ella aparece con una camisa blanca y un pantalón negro, liberado de la americana y la pajarita que viste en la imagen anterior, prescindiendo también de exhibirse delante de los informalistas españoles y eligiendo como paisaje de fondo Los cuatro dictadores (1963) de Eduardo Arroyo, en referencia a Franco, Salazar, Mussolini y Hitler, acompañada de un Espectador de Espectadores (1972) , obra paródica/política del Equipo Crónica. Dos trabajos artísticos antiautoritarios que complementan significativamente el retrato de cuerpo entero de Villel y que sirven para ilustrar un texto que termina del siguiente modo: “Ello conlleva el replanteamiento de la función del museo para dotar a esta exploración colectiva de modos no autoritarios y no verticales de acción cultural, de plataformas de visibilidad y de debate público abierto”.

La iconografía de la imagen sirve al escrito en el propósito de artícular una propaganda de lo horizontal, algo totalmente alejado de lo que es el funcionamiento interno del museo, e intenta apropiarse del discurso del procomún. En el artículo se destaca en negrita la segunda parte del mismo como “Un espacio para la política”, idea que resume el corazón del simulacro de esta estética de la carga policial en la que el disturbio exterior se introduce neutralizado como archivo al interior del museo, donde queda perfectamente catalogado y custodiado por la seguridad de la institución. Una apología de un ruido político subvencionado, fácilmente domesticable, que no interrumpa ese tranquilo rumor que no escapa del control de las paredes blancas.

 

Continuará…

 

 

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