Un día Negro

septiembre 7, 2010 § 1 comentario

Miriam Martín nos envía:

El indígena es un ser acorralado, el apartheid es una modalidad de la compartimentación del mundo colonial. Lo primero que el indígena aprende es a permanecer en su lugar, a no traspasar los límites. Es por eso que los sueños del indígena son sueños musculares, sueños de acción, sueños agresivos. Sueño que salto, que nado, que corro, que trepo. Sueño que estallo en carcajadas, que atravieso el río de una zancada, que soy perseguido por una jauría de coches que no me alcanzan jamás. Durante la colonización, el colonizado no deja de liberarse entre las nueve de la noche y las seis de la mañana.

La violencia con la cual se ha afirmado la supremacía de los valores blancos, la agresividad que ha impregnado la confrontación victoriosa de esos valores con los modos de vida o de pensamiento de los colonizados hacen que, por una justa inversión de las cosas, el colonizado se burle cuando se evocan frente a él esos valores. En el contexto colonial, el colono no se detiene en su labor de crítica violenta del colonizado sino cuando este último ha reconocido en voz alta e inteligible la supremacía de los valores blancos. En el periodo de descolonización, la masa colonizada se burla de esos mismos valores, los insulta, los vomita con todas sus fuerzas.

El colonizado descubre que su vida, su respiración, los latidos de su corazón son los mismos que los del colono. Descubre que una piel de colono no vale más que una piel de indígena. Ese descubrimiento introduce una sacudida esencial en el mundo. Toda la nueva y revolucionaria seguridad del colonizado se desprende de esto. Si, en efecto, mi vida tiene el mismo peso que la del colono, su mirada ya no me fulmina, ya no me inmoviliza, su voz no me petrifica. Ya no me turbo en su presencia. Prácticamente, lo fastidio. No sólo su presencia no me afecta ya, sino que le preparo emboscadas tales que pronto no tendrá más salida que la huida. Con toda su técnica y su capacidad de fuego, el enemigo da la impresión de aturdirse y hundirse en arenas movedizas. Nosotros cantamos y cantamos.

El negro, que jamás ha sido tan negro como desde que fue dominado por el blanco, cuando decide probar su cultura, hacer cultura, comprende que la historia le impone un terreno preciso, que la historia le indica una vía precisa y que tiene que manifestar una cultura negra. El 10 de septiembre de 2010 en La Tabacalera de Lavapiés, por ejemplo.

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§ Una respuesta a Un día Negro

  • Miriam dice:

    « … et l’accueil et l’éveil de chacun de nos maux
    je t’énonce
    FANON
    Tu rayes le fer
    Tu rayes le barreau des prisons
    Tu rayes le regard des bourreaux
    Guerrier-silex
    Vomi
    Par la gueule du serpent de la mangrove »

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